La cicatrización es un proceso de reparación del tejido cutáneo que consta de tres fases:
Una fase inflamatoria que dura de 2 a 7 días, durante la cual la piel, que aparece enrojecida y caliente, se defiende.
Una fase de cicatrización profunda durante la cual los tejidos dérmicos se regeneran formando brotes carnosos, proliferaciones ricas en vasos y células.
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Al cabo de quince días, se produce una fase superficial denominada «remodelación epidérmica», durante la cual la epidermis se cierra a partir de los bordes de la herida.
Además de las heridas que desencadenan este mecanismo de protección, existen otras formas recurrentes de agresión a la piel: las irritaciones cutáneas, cuyas causas, frecuencia, localización y formas son legión y pueden variar de un individuo a otro.